Querid@s alumn@s: estoy preocupada.
TikTok ha lanzado un nuevo filtro que nos acerca peligrosamente a un mundo discordante entre la realidad y la ficción y en el que cada vez se hará más difícil distinguir entre la vida física y la digital. La línea se vuelve cada vez más borrosa.
¿Qué efectos tendrán esos filtros de ¿belleza? en vuestra percepción de la realidad?
Esta semana alguien me preguntó en clase si conocía las herramientas de los filtros en TikTok y por qué no las usaba.
Mi respuesta fue rotunda: ¿Para qué tengo que ponerme filtros en la cara?
Tengo 51 años. Arrugas en los ojos y un cuerpo con señales de haber tenido dos hijas. Muchos días el cansancio se me acumula en forma de ojeras. Mi piel ya no es tan lisa como hace tiempo y voy notando cómo la gravedad actúa hacia abajo.
¿Puedo parar el tiempo? La respuesta es no. Y creedme, tampoco me gustaría pararlo.
Esa es la razón por la que no uso ni un filtro ni medio cuando publico fotos o vídeos. Mi vida es la que toco a diario, la que vivo cada día… y es acorde a la realidad que enseño en mis redes sociales.
«¿Qué pensarías si me vieras en TikTok con una apariencia de 30 años y luego viniera a darte clase una persona de 50?», le respondí.
Ella bajó la cabeza y no me respondió. Tiene sólo 18 años. Entonces le propuse un juego: «Hazte un TikTok con el filtro que más te guste y yo me haré otro. Mañana los comparamos».
Al día siguiente, llegó con su filtro. Y yo con el mío.
Como veis en la foto, me había convertido en una gorila. El suyo en cambio estaba hecho con el demoníaco TikTok que convierte a nuestros jóvenes en muñecos en serie con una precisión tan increíble como peligrosa.
«¿Por qué has elegido ese filtro?», le pregunté.
«Me gusta verme bien. ¿Y tú? ¿Por qué te has puesto el de gorila?»
«Por lo mismo que tú. Me gusta verme bien, pero en la vida real. Esa mona tiene más arrugas que yo, jeje. Así que estoy estupenda».
Ella entonces me sonrió. Creo que lo ha entendido.

